Sonambulismo: qué es, por qué ocurre y cuándo conviene prestarle atención

El sonambulismo es uno de esos trastornos del sueño que suelen generar muchas dudas en casa. A menudo se asocia con escenas curiosas o incluso graciosas, pero la realidad es que conviene entenderlo bien, sobre todo cuando los episodios son frecuentes o existe riesgo de caídas, golpes o salidas de casa mientras la persona sigue dormida.

Se trata de una parasomnia en la que la persona se levanta, camina o realiza otras actividades mientras continúa dormida. Suele aparecer durante el sueño profundo no REM, normalmente en las primeras horas de la noche, aproximadamente una o dos horas después de haberse dormido.

Aunque puede darse a cualquier edad, el sonambulismo es más frecuente en niños que en adultos. En muchos casos infantiles es benigno y desaparece con el tiempo, a menudo antes o durante la adolescencia. En cambio, cuando aparece o persiste en la edad adulta, es más importante valorar si existe algún factor desencadenante o un trastorno del sueño asociado.

Cómo reconocer un episodio de sonambulismo

Durante un episodio, la persona puede sentarse en la cama, abrir los ojos, levantarse y caminar con una expresión ausente o mirada perdida. A veces murmura, responde de forma poco coherente o apenas reacciona a quienes le hablan. También puede resultar difícil despertarla y, si se consigue, puede mostrarse confundida durante unos minutos. Lo más habitual es que al día siguiente no recuerde nada.

En algunos casos, las conductas son simples; en otros, pueden ser más complejas. Las fuentes médicas describen que algunas personas llegan a abrir puertas, bajar escaleras, ir al baño, comer o realizar otras acciones automáticas mientras siguen dormidas. Precisamente por eso, el mayor problema del sonambulismo no suele ser el episodio en sí, sino el riesgo de accidente.

Por qué ocurre

No siempre existe una causa única. El sonambulismo tiene un componente hereditario importante y es más frecuente cuando hay antecedentes familiares. Además, varios factores pueden favorecer los episodios, como dormir poco, llevar horarios de sueño irregulares, la ansiedad, la fiebre o estar enfermo.

En adultos, también puede relacionarse con el consumo de alcohol, sedantes u otros medicamentos, y a veces aparece junto a otros trastornos del sueño. Los servicios de salud señalan que, cuando los episodios son repetidos o empiezan en la edad adulta, conviene descartar problemas como la apnea obstructiva del sueño o el síndrome de piernas inquietas.

Qué hacer si alguien está sonámbulo

Lo primero es mantener la calma. En general, no se recomienda despertar bruscamente al niño o a la persona que está en pleno episodio, porque puede desorientarse o agitarse más. Lo más aconsejable es acompañarla con suavidad, hablarle en tono tranquilo y tratar de guiarla de vuelta a la cama, siempre priorizando la seguridad.

También es importante preparar el entorno para reducir riesgos. Los especialistas aconsejan cerrar puertas y ventanas de forma segura, retirar objetos afilados o frágiles, evitar camas altas o literas si hay episodios frecuentes y mantener fuera del alcance llaves o elementos peligrosos. Cuando el problema aparece a horas muy parecidas cada noche, incluso puede ayudar despertarla suavemente entre 15 y 30 minutos antes para alterar ese ciclo y prevenir el episodio.

Cuándo conviene consultar

El sonambulismo ocasional no suele requerir tratamiento. Sin embargo, es recomendable consultar con un profesional si los episodios se repiten con frecuencia, interrumpen el descanso, provocan somnolencia diurna, implican riesgo de lesión o continúan más allá de la adolescencia. También conviene pedir valoración si comienzan en la edad adulta o si se acompañan de otros signos, como pausas en la respiración durante el sueño o cansancio excesivo durante el día.

Si el médico sospecha que hay una causa subyacente, puede derivar a una unidad o clínica del sueño. Allí se revisa la historia clínica y, si hace falta, se realizan estudios para descartar otros trastornos. El tratamiento no siempre es necesario, pero cuando el problema afecta a la seguridad o al descanso pueden plantearse medidas de higiene del sueño, abordaje del trastorno asociado, terapia psicológica e incluso medicación en algunos casos seleccionados.

La importancia de los hábitos de sueño

Uno de los puntos más repetidos por las fuentes médicas es que dormir bien ayuda. Mantener horarios regulares, dormir las horas necesarias, reducir la cafeína por la noche, crear una rutina relajante antes de acostarse y cuidar que el dormitorio sea oscuro y silencioso son medidas sencillas que pueden disminuir la probabilidad de episodios en muchas personas.

Conclusión

El sonambulismo suele ser más aparatoso que grave, especialmente en la infancia, pero no debe tomarse a la ligera cuando hay riesgo de accidente, cansancio diurno o episodios persistentes. Entender cómo se manifiesta, identificar posibles desencadenantes y adaptar el entorno puede marcar una gran diferencia. Y cuando hay dudas, la mejor decisión es consultar con un profesional para valorar si se trata de un episodio aislado o de algo que merece un estudio más profundo.